La memoria es una de las tareas que más horas consume en un estudio y una de las que mejor se presta a la IA. Pero también es donde más fácil es meter la pata: una superficie inventada o una referencia normativa equivocada en un documento que firmas tú. Usar IA para memorias de proyecto funciona, siempre que se haga con método.
La calidad de la memoria depende de lo que le des. Reúne en un solo documento:
Trabaja por apartados, no todo de golpe. Para cada uno, indica el rol («arquitecto redactor de proyecto básico en España»), los datos concretos, el apartado que debe redactar y una regla clara: si falta un dato, debe dejarlo entre corchetes en lugar de inventarlo. Esa sola instrucción elimina la mayoría de problemas.
Cuando el flujo funciona, guarda las instrucciones por apartado como plantilla compartida. Así cualquier persona del equipo obtiene memorias con la misma estructura y el mismo nivel de rigor. Es uno de los primeros procesos que conviene estandarizar al implantar la IA en un estudio de arquitectura, y la base está en escribir buenos prompts para arquitectura.
Cien prompts calibrados para estudios de arquitectura, organizados por fase de proyecto y listos para adaptar.